domingo, 25 de junio de 2017

La condena en segunda instancia fundada en una interpretación del elemento subjetivo exige oír a los acusados

El objeto de esta nueva entrada es la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos dictada en el caso Atutxa Mendiola y otros c. España. En ella, el también llamado Tribunal de Estrasburgo ha condenado a España por vulnerar el derecho contenido en el artículo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, que dice así: “Toda persona tiene derecho a que su causa sea oída equitativamente (...) por un Tribunal (...) que decidirá (...) sobre el fundamento de cualquier acusación en materia penal dirigida contra ella.”

La sentencia se emite en relación al procedimiento seguido contra determinados cargos del Parlamento de la Comunidad Autónoma del País Vasco, que fueron condenados como culpables de delito de desobediencia judicial por el Tribunal Supremo el 8 de abril de 2008. Esa sentencia, sin embargo, fue dictada con ocasión de un recurso de casación interpuesto contra la sentencia absolutoria y tras la celebración de una vista en la que se oyeron a los representantes de los acusados, pero no a los propios acusados. Lo más importante, no obstante, es que, aunque tanto la sentencia absolutoria recurrida como la dictada por el Tribunal Supremo contenían la misma declaración de hechos probados, el Tribunal Supremo había interpretado dichos hechos de forma diferente, pues había extraído la conclusión de que los acusados habían desobedecido de manera deliberada y abierta, mientras que la sentencia absolutoria entendía que no habían desobedecido ni de forma deliberada ni de forma abierta.

La sentencia del Tribunal Supremo fue recurrida en amparo por los condenados, que alegaron que el Tribunal Supremo había vulnerado el derecho fundamental a un proceso con todas las garantías por haberles condenado con base en una interpretación fáctica diferente de la practicada en primera instancia, y sin escucharlos previamente. El Tribunal Constitucional denegó el amparo mediante su sentencia de 5/12/2013, considerando que “(...) ni era constitucionalmente exigible que los demandados fueran oídos en la vista de casación (...) ni tal omisión, dada la índole de las cuestiones que fueron planteadas por la acusación y debían resolverse en el recurso, supuso una privación o una limitación del derecho de defensa, pues dicha audiencia ninguna incidencia podría tener en la decisión adoptada. (...)”.

Los condenados, sin embargo, decidieron demandar a España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por una posible vulneración del referido artículo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. En su demanda, reprodujeron el argumento formulado en sede de amparo: aunque el Tribunal Supremo no hubiera modificado los hechos probados, sí los había interpretado de forma diferente, extrayendo la existencia del elemento subjetivo del injusto y no limitando su revisión exclusivamente a cuestiones de índole jurídico, y ello lo hizo sin oír previamente a los entonces acusados.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, coincidiendo con la argumentación de los demandantes, afirmó que el Tribunal Supremo se había pronunciado sobre circunstancias subjetivas decisivas para determinar la culpabilidad de los demandantes (que habían actuado deliberada y abiertamente), modificando la valoración que el tribunal de primera instancia había efectuado de la misma conducta. Desde ahí, el tribunal recuerda que es imposible valorar jurídicamente la intencionalidad del acusado sin que haya sido objeto de algún acto de prueba, y que mientras que el tribunal de instancia concluyó que no habían actuado deliberadamente tras oírlos, el Tribunal Supremo entendió que sí habían actuado deliberadamente sin oírlos nuevamente. Todo ello provocó que, en definitiva, el Tribunal Supremo alcanzara esa conclusión por deducción y sin dar lugar a los interesados de exponer las razones por las que negaban haber obrado deliberada y abiertamente. Ello supone haber impedido a los demandantes la posibilidad de defenderse en un debate contradictorio, y vulnera el artículo 6.1 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. En definitiva, modificar la apreciación del elemento subjetivo del delito, cuando es elemento esencial de la condena, exige que los acusados hayan sido oídos por el tribunal sentenciador.

A modo de añadido, no puede dejar de indicarse que tanto en la sentencia del Tribunal Supremo como en la del Tribunal Constitucional se formularon votos particulares que disentían de la decisión del tribunal. Así, en la STS cinco de los doce Magistrados reprocharon al tribunal haber valorado los elementos de prueba sin respetar el principio de inmediación, y en la STC aparece un voto particular firmado por cuatro Magistrados que indica “[El TEDH] mantiene la exigencia de audiencia pública siempre que una persona fuera condenada por primera vez, sea en primera o en segunda instancia, salvo en los supuestos en que la condena derive exclusivamente de un distinto entendimiento de cuestiones jurídicas que no modifican (...) la determinación de elementos fácticos, incluidos los elementos subjetivos establecidos en condiciones de audiencia o de inmediación. (...)”.

La sentencia puede comprobarse aquí.


bar, europa, tribunal, ciudad
Fotografía de Sofía Serra

9 comentarios:

  1. Otro excelente comentario. Su blog promete ser muy interesante, lo seguiré atentamente. Gracias.

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    1. Muchas gracias por su comentario. Espero honrarlo con las próximas entradas.

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  2. Me parece una barbaridad que aún nos den tirones de orejas un tribunal de Derechos humanos, en qué país vivimos, por dios? Porque si no los mismos jueces los respetan, ¿cómo vamos a esperar que la administración de justicia española actúe conforme a Derecho de un estado democrático?... En fin, país! Gracias por acercar estas cuestiones que, para el común, suelen permanecer más bien ocultas.

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    1. Muchas gracias por su comentario. Comparto su alarma sobre lo que evidencia este tipo de resoluciones, pero puedo asegurarle que todo acabará bien, aunque no lo veamos nadie de los que puedan leer este blog, ja,ja,ja.

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  3. La JUSTICIA -así con mayúsculas- no es algo abstracto que esté por encima del bien y del mal, es administrada por personas que la interpretan según -en el mejor de los casos- su saber y entender. Ante el mismo hecho distintos tribunales opinan de forma distinta, no creo que exista ningún País en el mundo (Manuel nos podrá ilustrar en este tema) que no haya tenido NINGUNA sentencia en contra del Tribunal de Derechos Humanos. Así que no seamos más papistas que el Papa y echemos por tierra la labor de los tribunales en España por algún caso en el que su aplicación de la ley difiere de la del Tribunal de Estrasburgo.

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    1. Muchas gracias por su comentario. La verdad es que, aunque entiendo su punto de vista, el Tribunal Supremo sabe muy bien que concluir sobre la voluntad y consciencia de una persona constituye una inferencia lógica que implica una valoración de los hechos traídos al proceso, y es constante la jurisprudencia que, desde la STC 167/2002, indica que no puede condenarse a quien ha sido absuelto en primera instancia sin practicar las pruebas personales sobre las que pueda fundarse el fallo.

      A mi juicio, como al de muchos de los Magistrados que firmaron votos particulares en las sentencias del TS y del TC en este caso, la cuestión no admitía muchas dudas: para condenar por primera vez hay que oír personalmente a los acusados.

      También es verdad que el Servicio Jurídico del Estado se ha esforzado en dejar claro que solamente se condena a España "por un defecto procesal", como si eso le quitase hierro al asunto, pero esa actitud solamente ayuda a anular aún más la sensibilidad procesal de la sociedad. Y es que, al menos en un proceso penal, cuando se plantea la duda sobre si adoptar un íter más garantista u otro que lo es menos, la respuesta debería alcanzarse por sí misma.

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  4. Seguro que en "alguno" de esos casos lo que había detrás eran personas, verdad?, que han visto su vida arruinada durante años pq un tribunal, de España o Etrucia (da igual), se han pasado los derechos humanos por el forro. Si que hay que ser más papistas que el papa, los derechos humanos no son subjetivos ni admiten interpretación.

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  5. Anónimo del 2 de julio, ya el anónimo de 5 de julio ha dicho lo que iba a responderte, pero lo repito para que conste desde mi mismo perfil puesto que eres a mí a quien has contestado: Los Derechos Humanos no están sujetos a interpretación. Si eso no lo ha aprendido algún juez todavía en España, que a la vista está que sucede así, que lo despidan y se dedique a comer cardos borriqueros que son muy saludables para el espíritu.

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